José Luis Díaz-Granados



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Federico Díaz-Granados
Gonzalo Mallarino Flórez
Héctor Cediel
Lilia Gutiérrez

Menciona a:

Mario Rivero (†)
Giovanni Quessep
Juan Felipe Robledo


Bio/biblio

José Luis Díaz-Granados. Nació en Santa Marta, Colombia, en 1946. Poeta, novelista, periodista cultural y profesor universitario. Fue comentarista bibliográfico de Lecturas Dominicales, suplemento literario de El Tiempo de Bogotá (1979-2000). Ganador del Premio de Poesía “Carabela” (Barcelona, España, 1968); finalista del Premio “Rómulo Gallegos”, por su novela Las puertas del infierno (1985), en 1987; Premio Nacional de Periodismo “Simón Bolívar”, por su entrevista al poeta Luis Vidales (1990); Premio Nacional de Novela “Aniversario Ciudad de Pereira”, por su obra El muro y las palabras (1994). El gobierno chileno le otorgó la Medalla de Honor Presidencial “Centenario Pablo Neruda” (2004). El 2008, el XVI Festival Internacional de Poesía de Bogotá lo escogió como Poeta Homenajeado. Es autor de 28 libros (poesía, novela, ensayo, periodismo, teatro y libros para niños), entre los cuales sobresalen: El laberinto (poesía, 1968-1984); Las puertas del infierno (novela, 1985); Rapsodia del caminante (poesía, 1996); Cuentos y leyendas de Colombia (1999); El otro Pablo Neruda (ensayo, 2004); Los años extraviados (novela, 2006). Sus primeros libros de poesía se hallan reunidos en un volumen titulado La fiesta perpetua. Obra poética, 1962-2002 (2003).


Poética

"La indefinible poesía es un apéndice de la naturaleza humana que la completa y emociona. Para mí, la poesía nunca ha sido cosa distinta a un hechizo que estremece, algo que lleva del silencio al enigma, de la magia a las tinieblas, y en el furor de su travesía aparece un fulgor, un duende, un océano que estalla. Ese deleite hecho de palabras nos revela condiciones de amor, de muerte, de deseos, visiones, edificios, estrellas o política, distintas a las que sufrimos o gozamos en la cotidianidad. De pronto, como un relámpago que sorprende el escondite de nuestros sueños, una palabra comienza a interrogar a las sombras. Oh, piedra que ríe!, Oh, arrecife que llora, “Oh corazón falaz, mente indecisa...”.


Poemas


MATRIMONIOS

Me casé dos, tres veces. Fue en el siglo
Pasado. Con cada mujer escribí libros, versos.
Escribí libros y letrillas. Con cada una de ellas
Bebí y viví rones y estancias. Crucé en navíos
Los insondables lagos, extraviados
De todo el mundo y de nosotros mismos.

Éramos fábricas de sangre y de cansancios.
Éramos a la vez perfumes y batallas,
En danzas de alboradas aún llenas de estrellas.

Me casé dos, tres veces. Y tal vez fui feliz
Porque ahora es de miel y leche puras
La tinta con que escribo estos silencios.

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GESTO

Es un gesto. Es un signo. Un ademán
De querer decir algo (y no decirlo).
Un pensamiento inmóvil, una mueca
De ángel,
Un estar y no estar
Y estar ahí.
La mirada indagante
O ya perdida
O dos luces de miel.
O dos soles de asombro.
Un gesto, un signo, un ademán
Y una certeza dulce de estar vivo.

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ALBA

Para mi loca vida, al mediodía,
Un día más día que todos el sol regó la lluvia
Y el alba al mediodía aún era alba,
Más sutil que un minuto transparente
Y más minuto que un océano eterno.

Cisterna pura donde cabe mi ser entero,
Mar de rocío que me acaricia incesante,
Patria perenne de mi corazón,
Jaula donde descansa para siempre mi alma.

Alba-luz, Alba-sol, Alba-marina,
Alba-día, Alba-siempre, Alba-del-alma,
Alba-hoy, Alba-azul, Alba-de-julio,
Alba-amor, Alba-esposa, Alba-dormida,
Alba-verso, Alba-única, Alba-mía.

Navío, vasija, cueva, balandra de mis sueños,
Gaveta donde guardo todos mis pensamientos,
Cofre donde se esconde mi sonrisa,
Donde moran mis ansias y mis recuerdos.

Alba, norte presente, norte eterno,
Carne mía, mi sombra, mi gemela,
Mi compañera loca, mi pulsera,
Mi mágico aposento, mi pequeño castillo,
Donde habita el amor definitivo.

(Este poema fue musicalizado por el cantautor colombiano Iván Benavides en 1982, e interpretado por el dúo “Iván y Lucía”).

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Gonzalo Mallarino Flórez



Mencionado por:

Federico Díaz-Granados


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Mario Rivero (†)
Jotamario Arbeláez
José Luis Díaz-Granados
Rogelio Echavarría
Juan Felipe Robledo
Federico Díaz-Granados


Bio/biblio

Gonzalo Mallarino Flórez nació en Bogotá en 1958. Sus primeros poemas aparecen en el periódico El Tiempo en 1984, y su primera colección de poemas en la antología Se nos volvieron aves las palabras, editada por El Gimnasio Moderno, en 1986. También es autor de los libros de poemas Cármina (1986), Los llantos (1988), La ventana profunda (1995) y La tarde, las tardes (2000), con los que ha obtenido varios reconocimientos importantes, Sus poemas han sido incluidos en diversas publicaciones y antologías. De igual forma es autor de la "Trilogía Bogotá" que incluye las novelas: Según la costumbre, Delante de ellas y Los otros y Adelaida.


Poética

"Yo me aferré a la escritura como a un madero en el mar alterado de la vida, de otra forma me hubiera muerto, me hubiera autodestruído. Escribir me hizo posible ahondar en mi condición, en mis recuerdos, en mis sueños, en mis dolores, en una palabra, en mi inconciente. Eso le dio un norte a mi vida, ese ejercicio de transformar lo más oscuro, lo más adormecido, lo más recóndito en palabras y en un ámbito linguístico. Escribo entonces para que el tiempo no acabe venciéndome, quebrantándome tan pronto con sus dedos."


Poemas

LAS VOCES QUE ESTABAN

El tiempo se mete entre los vidrios. Borra
las cosas y las voces que estaban.

Yo creería que lo único son los ojos. Y sólo a veces.
Los ojos tienen siempre una tristeza
que puede durar.

En cambio las voces. Las manos. Las
bocas. Todo se hace astillas. Particularmente
los brazos se hacen astillas.

Ya el vientre que respirábamos. O los muslos
dulces. Eso se ha perdido casi
como si no hubiera sido nunca.
O como si no hubiéramos sido nosotros.

¡Qué dolor! Como si no hubiéramos
sido nosotros.

::


HE VISTO

He visto mujeres en el Valle
frescas y claras como una fuente
o como una palmera. Tienen los ojos pardos
y las bocas grandes. Sus muslos son gruesos
y tiernos y sus caderas anchas y móviles.

Las he visto caminar en Palmira o en Caicedonia.
Frescas y claras bajo el vestido de tela delgada.
Las he visto. Sentado en una mesa del andén
o desde un bus que se detiene. Sonríen
y se tocan con la gente. Sus rostros se tornan más
dulces con la sonrisa cuando piden
un frasquito de esmalte en la droguería
o se sientan en las bancas de la plaza.

He visto a esas mujeres y he deseado
amarlas. Ser quien las siente cerca.
Ver cómo se quedan dormidas. Cómo la sonrisa
del sueño les pinta de flores la cara.

::


PABLO SEXTO

Algunos despiertan
pero permanecen tendidos en sus camas.
Abren los ojos sin luz. Sin mirada.

Algunos como tú
no quieren levantarse y mirar por la ventana
porque saben que un bloque
de nubes estará oscureciendo a Monserrate.

Porque saben que en el parque
las gotas estarán brillando entre los pinos
y deslizándose sobre las hojas púrpuras de los eucaliptos.

Y no quieren mirar eso al despertar.

Entonces no se levantan. Hay mujeres como tú
que no se levantan porque sienten sus vidas
como fardos.

Tú. A quien quiero llamar. Nombrar ahora.
Adelaida por ejemplo.
Bebiendo agua en la cocina oscurecida.

No has querido mirar la tarde
dura del domingo. Sólo bebes agua como todos
al despertar. Descalza sobre el baldosín. Desnuda
bajo la bata blanca. Con los mechones claros
y largos de pelo sobe la espalda
y a los lados de la cabeza.

El lunes por la noche cuando la vecina te encuentre
la luz del alumbrado entrará por la ventana.
Tu rostro se verá morado o gris.
Tendrás las manos
sobre el pecho y las piernas un poco separadas.

Adelaida. Tendrás los labios cerrados

con fuerza. Secos. Sin color.

Afuera seguirá lloviendo. Adelaida. El agua
caerá incesantemente
bajo el polvo blanco y silencioso de las lámparas.

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Isaías Romero



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Rodolfo Ramírez Soto

Menciona a:

Saúl Gómez Mantilla
Eliana Andrea Reyes Barrera


Bio/biblio

Nace en Bogota vive en Cúcuta en la frontera con Venezuela. Dirige el Festival de Poesía Ciudad de Cúcuta. Es periodista y promotor de lectura. Libros publicados en poesía: El Hombre Invisible (2000), Regreso a Lisboa (2006); en cuento: Panel de Invitados (preedicion). Tambien ha publicado articulos en varios periodicos y revistas dentro y fuera de Colombia.


POEMAS


(DE EL REGRESO A LISBOA)


UN TIPO CONTEMPORÁNEO MUY A LO PESSOA

“Yo, el fumador de pitillos por profesión adecuada…
Yo, este degenerado superior sin archivos en el alma…
Yo que tantas veces me siento tan real como una metáfora…
Yo, aquella cosa en la que estas pensando y te marca una sonrisa,
la cicatriz del sargento mal encarado..
yo, el dictado en francés de la niña que se toca las ligas…”

FERNANDO PESSOA

Sale muy temprano para afilar sus razones
y camina sobre la calle
espiando el diálogo íntimo de la testosterona ajena.

No busca mujeres leves que entaconen la ignorancia,
ni hombres comunes vestidos como los hombres,
lo suyo son seres naturales,
de esos que ya casi nadie pare.

Al encontrarles se emociona.
Se esconde de sus reacciones,
imitando juegos de la infancia
y espera por días, con suerte por horas,
para acercarse en el momento más oscuro
y devorarles el alma sin compasión.

Luego llega a la casa
ve el suceso en las noticias
hasta quedarse dormido mientras la soledad
silenciosa
le recompensa con caricias en el sueño.

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“Más vale ser niño
que querer comprender el mundo”

- Fernando Pessoa


Este soy yo.
Un fantasma de tranvías que aún se corre para que nadie se le siente encima.

Lleno de mi, este soy,
“tanto haber fallado”
tanto envolver nada importante,
una impresión sin destino,
y me encuentro al azar
vagando en otros lo que me falta.

Este soy yo,
ya no hay que hacer más;
un cartero sin nada que entregar
un enigma descifrado,
una lágrima que cuesta alimentar.

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(DE EL RELATO FINAL DEL HOMBRE INVISIBLE)


MORIR EN EL INTENTO

El de la tienda me dijo que no me podía seguir fiando
hasta que le pagáramos el crédito y le creí.
Nadie está dispuesto a cargar un muerto ajeno.

Pero mi papá esta encerrado, escribiendo;
mamá sabe que interrumpirlo
es como dispararle en el pecho.

Saber que esta vaina no nos va a llevar muy lejos,
lo mejor que puede hacer es escribir,
igual que él

y morir en el intento.

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EL ALIENTO

Yo no debo tener mal aliento,
me cepillo los dientes a diario con close-up
e incluso hago gargarismos con viejos remedios.

Debe ser que se me están
pudriendo los sueños.

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LA RUTINA DE POSEIDON

Procura, después de concluida la noche,
contemplar la luz a través de las botellas vacías,
meditar en tus transgresiones y buscar
la forma
de sobrepasarlas,
una a una.

Recoge siempre tus pasos,
las huellas en otros causan profundas heridas.

Procura, entonces, bañarte en las noches,
revisar que tus cicatrices sigan cerradas,
remoldea el tiempo perdido
y une los dedos en su estado natural.

Límpiate con un cerillo las agallas,
el smog las tapa frecuentemente.

Recuerda alejarte de las mal llamadas noches de insomnio,

y sumérgete,
desde esa playa desconocida,
hacia el territorio donde no hay que fingir para ser poeta
el territorio donde también pareces sobrarle a la mitología
el sitio donde eres un dios provicional.

Tu que conoces el tablero como nadie,
siéntate al filo del abismo
y diseña, meticulosamente,
la petición de Polifemo
buscando el placer en la desgracia de Ulises.

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