Federico Cóndor



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Federico Cóndor, seudónimo de Jaime Londoño, Bogotá 1959. Poeta y profesor universitario. Dirige la Editorial Domingo Atrasado y el departamento de Educación Continuada de la Universidad F.T.T. Libros de poemas: Hechos para una vida anormal, Alquimistas Ambulantes, Mago sólo hay uno y Fantasmas S.A. Sobre historia: Epitafios: algo de historia hasta esta tarde pasando por Armero. Libros educativos: Competencias escriturales de prejardin a once. Coordina para la Casa de poesía Silva talleres dirigidos a los niños de los colegios distritales. Tiene un taller de poesía gratuito desde hace 10 años los domingos a las 3 pm en el parque de Usaquén en Bogotá.


Poesía


La poesía es un oráculo:
ten cuidado al leerla en voz alta,
ten cuidado al interiorizarla,
no le des ese pan a la memoria.
Cuida lo que dices
cuando te lances a esgrimir versos,
que la poesía es un oráculo terrible,
así como da la vida,
da la muerte.


Poemas


Odisea


Desde la mañana
se vive una odisea.
Escarbar en el costal de sueños
las armas para ir a Troya.
En los rápidos transportes
los guerreros se lanzan las miradas
mientras el chofer se cree
el capitán de un acorazado.
Las batallas son efímeras
y es el Polifemo de la rutina
quien le saca los ojos a todos los Nadie.
Bajo la comida aplastada por el ruido
- y de espaldas la esperanza -
Calipso es la mesera de helio
quien sirve y cobra la cuenta.
Después de tantas aventuras fracasadas
qué se puede esperar de Itaca.

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Tienda


Vivir en el país de los errores,
de los errores muertos para siempre,
es navegar el miedo en el camino a la tienda,
bajarse a sorbos largos la aspirina de la luna,
tantear la muerte de regreso a casa
y pensar en los muertos
en los que estuvieron vivos
por error en el lugar equivocado.
Nadie ha vuelto de la tienda,
lo dicen las noticias,
se han ido por el aire buscando las balas perdidas
o las mortajas de las nubes
para pintarle un cielo a los sueños.
Hay quienes dicen
que los han visto en el recuerdo.
Mentiras,
nadie volverá de la tienda.
Lo sabe la nena del almanaque
con sus tetas fúnebres festivas
apuntando al más allá.

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Balas
A todos los que mueren en las marchas pacíficas


Las balas de los policías no matan,
son elementos mágicos que zumban por el aire
y se dispersan entre el gentío
sólo para darle compás
a la cadencia de los que marchan.
Pero no matan.
Son inofensivas,
los soldados las toman al desayuno
para combatir las ordenes de latón.
Las balas salen felices de las armas,
aplauden desde el aire las consignas,
pero no matan.
Los orificios en los muertos
son ecos del hambre y la tristeza.

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