Gabriel Fernando Mendoza




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Édgar Hernández
Ivoneth Casas
Ricardo Pacheco


Bio/biblio

Nacido en Cartagena, el 14 de mayo del 85, estudiante de Humanidades de la Universidad del Atlántico, integrante del Grupo Literario Maskeletras (Semillero-Taller de Investigación y Creación Literaria adscrito al Grupo de Investigación Literaria del Caribe —GILKARÍ—, del Departamento de Idiomas, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad del Atlántico).


Poética

En el ejercicio de la poesía se esconde más que el cansancio, un ansia incierta por llegar a horizontes visibles, ligeras aproximaciones que puedan menguar una inquietud existencial poco clara desde el principio, pudiera ser el encuentro fortuito de la palabra anónima con unas multitudes que no necesitan tanto para dejarse vivir.

En mi caso se trata (o por lo menos lo creo así) de llevar una cuenta de recuerdos y armar poco a poco una nostalgia imposible, lleno de imágenes citadinas opacas que deben retratar algo de la soledad que nos llega de todas partes. Puede parecer un poco simple pero la poesía no es pretenciosa y es precisamente esa negación lo que me hace intentar plasmarla.


Poemas

Memorias ficticias

Has buscado en otros alientos
lo extrañado donde entonces jugaban
las extintas inconciencias

y siguen lloviendo piedras
en los techos solitarios de las casas
en una ciudad que se pudre
sin mas hechizos cuando
ya se han roto los vidrios
y las virutas se desprenden
del lado de la ficción

buscas entretanto algún
despojo de compañía
que atestigüe la caída
de las piedras
pero tu no estas
y las piedras ignoran el
tiempo
que les costo caer

::


Vengador absurdo
Los escombros de mi vida
Se deslizan con la lluvia
Olvidando a Penélope


Llueve mi instinto asesino
sobre el lado más olvidado
de tu oscura vida
y en el claroscuro se sitúa
mi memoria de pájaro
que no cuenta los días

luego era tu sangre
confusión y melodía
que bañaba mi cuchillo
taciturno

y los muertos en las horas
caídas
y el sentimiento terreno
de abrirte los ojos
me devuelve a mi soledad
de ángel

hay un tiempo, un tiempo de
quemarse
en la desmedida sed
de desamparos divinos

::


Soliloquio nocturno

afuera, las palabras
pacientes como nieve
desconocida
sin la sombra que te finge
despacio
sombra inconstantemente muerta
por insonoras oscuridades
que esperan
tu cansancio
y que vuelvas sobre tus pasos
el fuego y el artificio
recuerda el azul
y las paredes soñadas, corroídas

aspira las palabras ahora
ofrece el pecado
y recibe la fabula ardiente y dulce
de las manos mojadas. Ebrias ingenuas.
Encarna tu historia inventada
y calles que gritan
su contradictoria intimidad
y que se disuelven en aromas
de los antiguos jardines

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