Nora Carbonell



Mencionada por:

Hernán Vargascarreño
Patricia Iriarte

Menciona a:

Beatriz Vanegas Athías
Tallulah Flores


Bio/Biblio


Poeta y narradora barranquillera, nacida en la década de los 50. Licenciada en Filología e Idiomas con post-grado en Pedagogía de la Lengua Escrita. Diplomada en Gestión Artística. Realizó estudios de Formación de Docentes en Madrid (Ministerio de Educación y Cultura de España).

Coordina el programa ¡Viva la Poesía!, en el Centro Cultural Comfamiliar del Atlántico, espacio de encuentro entre los escritores y su público.

Es autora de los siguientes libros de poemas: Voz de ausencia, Horas del asedio, Trece poemas y medio y Del color de la errancia.

Entre sus obras literarias para niños y jóvenes están:
Armando líos en el arco iris, Lluvia María y el ladrón de sonidos, La Z en el país de los números enteros, Cuentos de viajes y aventuras.

Sus textos aparecen en las Antologías Diosas en Bronce (USA), Barco de Espumas (Santa Marta, Colombia), Poetas en Abril (Medellín, Colombia) y Nuevas Voces de Fin de Siglo (Bogotá, Colombia).

Entre otras, ha obtenido las siguientes distinciones: Primer premio en el Primer Concurso Regional de Cuentos infantiles (Comfamiliar del Atlántico), Mención de honor en el VII Concurso Nacional de cuento infantil (Comfamiliar del Atlántico), Mención de honor en el III Concurso de poesía Xicoalt (Salzburgo, Austria), Primer puesto en el Concurso Regional de Cuento Caribe (Grupo Literario El Túnel, de Montería, 2004)


Poética

La Poesía puede ser espíritu santo sobre nuestras cabezas. Águila de vuelo intangible o sigilosa, genio que nos susurra enigmas y delirios para que seamos sus poseídos amanuenses. A veces, se cansa de ese papel y se esconde. Se oculta en el temblor del amante, en la mirada verde de la rana, en el solsticio de la duermevela, en la serpiente del dolor, en la sonrisa desdentada de la abuela o en la mano cerrada del enemigo, y nos reta. Nos reta a encontrarla entre laberintos y desiertos, nos reta a hallarla e imaginar que la poseemos, aunque Ella, sabe que no.


Poemas

Tiempo redondo

El tiempo es redondo y atormenta
Eugenio Montejo

Con cada nuevo resplandor
el día establece su círculo de fugas,
con sigilo se desliza
entre fatigas
y diminutas historias que defiende.
Inaccesibles, los árboles
nos miran desde su grave silencio.
Un pájaro mira a otro y es la sombra de sí mismo.
Ese otro misterio del tiempo que transcurre,
                               sin detenerse a mirarnos
                                   inasible nos desborda
                                                  y se regresa.

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Reencuentro en el adiós

El plural que somos se encanta
en su propia revelación.
En vano, la razón clausura caminos
porque no hay puertas cerradas,
el deseo asalta la huída
y sobreviene el regreso.
Para volver a vivirte
yo he sido habitante en lejanía,
viajante de quimeras,
guardafaros en el mar ciruela de tu fe.
En el centro del vértigo,
la duda resuelve los destinos.
¿Quién conoce el horizonte
sin el vuelo explorador de la distancia?

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Las madres en vigilia

Cuando las madres  se vuelven locas en Buenos Aires
y se anudan los pañuelos blancos de la memoria viva

Cuando las madres en vigilia encienden lámparas
para alumbrar a sus dulces  muertos
-solo ellas saben lo dulces que eran
lo amorosos que eran-

Cuando las madres en Bogotá,
con desgarrado gesto y palabras indignadas,
recogen palabras de transeúntes
para apaciguar su orfandad de madres

Cuando las madres en Bagdad
entregan sus mártires
para que vayan al paraíso

No hay dolor parecido al de ellas
ni banderas en sangre que les devuelvan
los nueve meses de luna llena
en los que alimentaron al amor.

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Poema para un amigo raro

Los raros ¡ay los raros!  Sin ellos, no podríamos
asistir al aleteo de la Belleza.
Vargascarreño

Tengo un amigo raro
que dejó una azotea colgada en la cuerda gris
de una bahía y se fue a vivir más cerca de las nubes;
profesa una obsesión tan parecida a la mía
que cuando se juntan es imposible distinguirlas:
la poesía es su religión y mientras más conoce a la gente,
más extraña a su gato.
Cuando lo encuentro en mitad del frío o cerca del  mar,
su abrazo da inicio al tiempo de la alegría.
En cántaros de cristal que se rompen con el filo de nuestra risa
nos hemos bebido muchos amaneceres;
nadie sabe, ni siquiera nosotros, en cuál vida de antes
estuvimos atados en el mismo vientre de poesía.

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De amores y funerales

No hay puentes rotos, solo distancias
y ríos que fluyen, caminos diversos
por donde transita el mundo.
Así mi amor,
como río en su lecho de piedra y sombra
fugitivo de sí mismo
perdido en las cavernas del pasado
asistente a su propio funeral de anémonas
y peces muertos.
Cada beso dibuja una húmeda línea
en el mapa del desconcierto.
Cada encuentro señala un paso feliz
hacia la inquietante despedida.

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Informe de un amanecer

La lluvia, vidrio agudo,
da paso a otro amanecer.
Peregrina en la ciudad
vivo el deslumbrador instante
y anhelo revelaciones en el aire húmedo.
En vano hallé coincidencia y hospedaje.
Mi primordial soledad
renace a un nuevo día  y sabe que
otro día cualquiera, morirá conmigo,
lugar común y transitorio.
Aventura breve de mi alma.
Sensación agreste de un  cielo
                                          rojo
 como la plaza en sangre de los gladiadores.

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En fuga
A Magui y Claude Bissot

Quedan atrás los cabos atados,
las incógnitas resueltas;
delante vislumbramos
una línea verdiazul
como principio del mundo,
y oímos un sonido invasor
en las fisuras de las piedras:
es el silencio que murmura.
En la delación
de los caminos aprendidos,
somos la arena que cae
                      inexorable
                             y sutil.
   
                          Santillana del mar, Salgar, Colombia

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La ventana

La ventana es el ojo de la
luna
que acecha los ruidos de la
casa.
Por ella, la luna mira a
una muchacha
bajo el reflejo de su luz
en el cristal.
Hay un poblado silencio
en el verdor de la
noche.

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En cuál esquina del día

Si la búsqueda traza
              perversos laberintos,
¿en cuál esquina del día
cederá su espacio, la añoranza?
Como signos del adiós cruzan el cielo los
pájaros.                         

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