Jorge Schultz



Mencionado por:

Ómar García Ramírez

Menciona a:

Rubén Darío Mejía
Elías Mejía
Juan Ensuncho Bárcena

Bio/biblio


Nací en barranquilla. 1960. Soy bibliotecario de profesión y resido en la ciudad de Armenia, Quindío, desde hace 6 años. Tengo escrito en poesía "A puertas cerradas", "Cartas y postales" y "Palabras del durmiente". Actualemente trabajo en "Conversación con el chamán", poesía, un viaje por los mitos precolombinos. Poemas míos han aparecido en revistas Puesto de combate, Luna nueva, Libros y letras, Cascadas de polvo, entre otras. La Universidad del Atlántico publicó en su Revista de Estudios Literarios La Casa de Asterión, Palabras del Durmiente.
He participado en algunos concursos de poesía, y escribo también artículos de cultura y turismo.


Poética

La poesía también se come

El poema aún no escrito
es un tazón de donde extraigo
con palitos chinos las letras de mi sopa estética.

Si la miro detenidamente
la palabra cuelga de sus puntas como un
fideo aséptico.

Cada palabra es como una arveja.
Un mundo en la oscuridad diminuta
humeando bajo la lípida sombra de una costilla
en pesados amarillos.

La poesía despierta paladares con un bocado.
Es la REGLA.
En sabores
la palabra se rompe en su cadena en el lomo de mi lengua
y diga lo que diga
siempre me deja insatisfecho,
encalambrado,
a punto de salir
a darle otra vuelta a Colombia en canopy e indigesto,

Escribir y cocinar se parecen.
De alguna manera nativos
—olla y puño, pluma y tabla de picar verduras— de la constelación
de Géminis.

Para ojos
los dos oficios rescatan por un instante algo de la muerte.

Alguien en la floresta mató una CEBOLLA
alguien haló de la tierra por su cabellera
a una ACELGA que traía gritos en los ojos
alguien degolló un ternero en la niebla de la meseta
CUNDI-BOYACENCE
nadando en un chimichusi polinesio


Poemas

¿O poetita de Schultz

Soplaba el saxo y un relámpago de notas se elevaba.
Dejaba en el aire una pregunta.

¿Una canción es un rascacielos de notas
un edificio
un puente de sonidos?
Sí    pero es amargo no tener respuestas
sólo preguntas metálicas amasadas por los dedos.

Saxo Furioso quería quedarse allí para siempre
pataleando en el piso como un hindú dentro de su túnica
emboquillados los labios          aferrado a  su sonido mezcla
de oscuridad y brillo.
Soltaba notas sobre la gente que pasaba
ascendía por estas o aquellas doradas de oxigeno
de fusas estáticas y suspendidas en cerrado monólogo
antiguo sin memoria.

GUESS WHO miraba la quietud de su color
se preguntaba por su mágica urdimbre gaseosa.
A veces deseaba escuchar
la guillotina que pende en cada instante se derrumbara
sobre la vida y la abriera en dos
como a esas frutas estereofónicas
que crecían en la boca de su saxo.

Furioso oscuro como un astro
en notas de sol, de fa, de si y de corcheas
por si acaso.

Llueve sobre su calle                                                         sobre el saxo
sobre sombras negras de paraguas
llovía y la lluvia empapaba su pregunta.
Pese a todo murmuraba
Saxo loco no sabe ir de rodillas bajo paraguas
no decia                                 sálvame virgen de los saxofones
señora de la lluvia ampárame
prefería algo más real              más inocente
ponerse los guantes con un elefante por ejemplo
y le derribara con un golpe de llanuras africanas.
Quería levantarse a cornetazos y a laúdes con la vida
que de su siesta por la correa le sacaran de su funda
las cosas le miraran horrible y derramar sobre ellas
sus ojos de airado FONSAXO.
Le llevaran a puntapiés antes que perecer colgado en una vitrina
mudo el corazón
salir expulsado por las puertas batientes de un salón del oeste
vociferando bilis                              notas rotas por llaves y pistones
enarbolando preguntas por su campana a cada calle
a tayronas emparentándolo con flautas de millo
con maracas de semillas
de mariguanita
marca registrada.
¡Saxofón no se vende por nada del mundo!
¡Fon Saxo no es centauro de carga de nadie!

Bien respondía señor Saxo a cualquier llamado en una esquina;
le gritaban
¡Saxo Stradivarius! ¡Stradivarius Sexus!
¡Pequeño Saxo Gran Quindo del Caribe!
y él giraba con cuerpo de metal con nuca de émbolos y llaves en  los labios
con pájaro anidando en  el Rag time
sin emprenderla contra nadie
a no ser
por un par de melodías
tan MISAN- TROPICALMENTE
risotantes.

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Amores violentos

                                           En principio se intuía el vacío.
                                                                           Cierta insatisfacción
                                                                           demasiada soledad
en cuerpo y alma.
                    Después
                    una muchacha
                    su rostro aleteaba por oficinas.

Delante de una computadora hicieron entonces las miradas
de ansia y los besos
el amor mirándose en espejos                en astros estallados en moteles;
salvados de quedar en posiciones pornográficas pero no
en la estela de vacío de la cámara de sexo.
Un cigarrillo humeaba en la penumbra.
Se hundían el uno en el otro laberínticos.
Se mordían
besaban con furia de dementes   
se ofendían.
soñaban pasar la vida y nadaban en medio de calles extranjeras.
Después   bailaron
al influjo de trombones y violines de Glen Miller junto al borde del CARIBE.
Luego la tristeza
tan polar pasó por los cuerpos.
Nada puede desunir
unir más a un hombre
a una mujer
que ir a la  P a t a g o n í a  juntos.
El olvido llenó de preguntas y migajas
los platos de la cena y los vasos.

Siempre es el amor que provee heridas
satura de puertas y memoria
el cuerpo asfixiante lucidez que extraña.
De vez en cuando piensa que le recuerdan.

Pensar a veces con dolor inquieto,
o con tristeza y con furor                        hasta con un poco de alegría
y ternura

eso sí, después, nunca antes
por qué de qué color
con qué pincel
con cuál paisaje podría omitirse
todo esto.

::


Pessoa uno

                                                                                       A quién seguir
                                                             si el día dobló en la esquina del
crepúsculo
y  la nube
                                        subió en busca de su sombra a la avenida.

Pintar al otro sin rasgos de este y madurar un racimo de poetas.
Éste, aquél
a cual QUELONIO cepillarle la melena.
A cada cual se le están anudando los zapatos.
De campos se abotona la camisa que Caeiro lleva puesta
Pessoa calienta la sopa a Caeiro que está bebiendo De campos.
De qué noche el sueño recurrente de la cueva del humo
A qué fecha hay que arrullar para vencerle el miedo
Qué rayo de luz despierta primero en la mañana
Qué mano sobaba otra costilla

El índice de Pessoa restregaba el ojo y aclaraba la mirada del cartógrafo
y emergía del lago de su cama  
La sabana es seria cuando te asomas en la URDIMBRE y te sabes
trama
                                                                                 cuando todo
se resumía a preguntar de parte de Ricardo
“quién de nosotros tiene caspa y nieva  hombros si Pessoa”

o si Pessoa ya nocturno acorazado de voces lusitanas
indagaba con los labios,
“Cuál fue el año de morir Ricardo
sí apenas mañana saldrá a patinar con Saramago
de casco y rodilleras por la Rua de Emenda,
o quién de nosotros sin percatarme ayer tarde me ha afeitado el bigotito

¡ay!
por dónde estuvo anoche Reis
que me siento como si la quilla de un balandro me hubiese golpeado la costilla”

De campos
frente a un espejo le ajusta vendas alrededor del tórax
a Pessoa.

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