Federico Díaz-Granados



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Bio/biblio


(Bogotá, 1974). Poeta, periodista, profesor de literatura y divulgador cultural. Actualmente es codirector de la revista de poesía Golpe de Dados.
Ha publicado los libros de poesía Las voces del fuego (1995), La Casa del viento (2000) y Hospedaje de paso (2003). La Universidad Externado de Colombia en su colección “Libro por centavos” que distribuye la revista El Malpensante publicó una antología de sus poemas con el título Álbum de los adioses (2006) y en Golpe de dados apareció su antología La última noche del mundo (2007) Además es autor de las antologías Oscuro es el canto de la lluvia (Antología de una nueva poesía colombiana, Alianza Francesa /Casa de Poesía Silva, 1997), Inventario a contraluz (Antología de nueva poesía colombiana, Arango Editores, 2001), Poemas a Dios (Editorial Planeta, 2001) y Poemas a la patria (Editorial Planeta, 2001). Es coautor de El amplio jardín (Antología de poesía joven de Colombia y Uruguay, Montevideo, Embajada de Colombia en Uruguay /Ministerio de Educación y Cultura de la República Oriental del Uruguay, 2005). Preparó para la revista Punto de Partida de la UNAM de México la antología Doce poetas jóvenes de Colombia (1970-1981). En 1998 aparecieron sus versiones de la poesía de Jim Morrison bajo el título Una Oración americana.
Sus poemas, al igual que sus reseñas y ensayos sobre literatura han aparecido en
publicaciones de Colombia y el exterior. De igual forma ha participado en numerosos festivales, congresos y eventos literarios en Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Ecuador, Venezuela, Cuba y México entre otros.
En la actualidad se desempeña como profesor de literatura del Gimnasio Moderno donde además dirige algunos eventos literarios como Las líneas de su mano (Acercamiento al mundo literario de ocho escritores colombianos) y Novísima Poesía Colombiana.


Poética

He amado el fútbol. He llorado al ver películas como La guerra de las galaxias, Cinema Paradiso o Belleza Americana; He cantando a destiempo canciones de Calamaro, Morrison o Lennon y sin embargo sigo temiendo cada día por lo que debo dormir con la luz encendida. Por esos pequeños sucesos, esos pequeños asuntos que siempre me han asombrado y que de tanto repetirse se han vuelto hogareños y cotidianos es que escribo poesía.

Escribo poesía por esas tantas cosas que he amado, porque estoy enojado con algo del mundo que todavía no se qué es, porque hago parodias equivocadas como un payaso callejero, porque sueño con inmensas bibliotecas y el puntual paso de las estaciones. Escribo por miedo y convicción, por amor y desespero, escribo porque conocí la soledad y el hastío y porque no volví a marcar ese gol que se quedó detenido en mi infancia; además, porque gracias a la poesía, me encontré en los silencios con esas palabras que se abandonaron en mis secretos y que me permitieron entender al viejo Homero, a Eduard Munch, a Mark Twain, a Salinger, a Cat Stevens y al gran Neruda para ser una mejor persona y porque supe, como en Cinema Paradiso, que no tendría un Alfredo que proyectara a diario mi vida ni que me regalara los mejores besos del cine mundial.


Poemás


HOSPEDAJE DE PASO

Nunca he conocido a los inquilinos de mi vida.
No he sabido cuando salen, cuando entran,
en qué estación desconocida descansan sus miserias.
Las mujeres han salido de este cuerpo a los portazos
quejándose de mi tristeza,
en algunas temporadas se han quejado de humedad
de mucho frío, de algún extraño moho en la alacena.

Se marchan siempre sin pagar los inquilinos de mi vida
y el patio queda nuevamente solo
en este hotel de paso donde siempre es de noche.

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NOTICIA DEL HAMBRE

Me habita el hambre. Y todos me lo dicen.
No es el miedo ni la duda
apenas un ritmo intacto que no toca con su sal la orilla.
Es el hambre, quizá un leve testamento
o esta insistencia en destruir la casa
y renovar la piedra en sueño.

Es poco lo que recuerdo de mi a esta hora, el disperso,
el que a la intemperie es un poco de hierba,
una palabra sin traje con olor a otras tierras
y que mira con cara de extranjero todas las prestadas alegrías.

Llega el hambre con su mismo azar y su idéntico augurio.
La lluvia está debajo de la carne
y pocas cosas recuerdan al viejo amor
que ya no cuenta.

Es el hambre. Y todos me lo dicen.
No es el leve testamento ni la tristeza de las noches.
No es la poesía
ni la música que traduce el tiempo.

Un poco de hambre
y el cansancio de llenar la estantería de ausencias.

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RETORNOS

No creo en retornos
pero este amargo corazón de casas viejas y calles rotas
late en cada regreso
sin gestos ni ademanes
y sabe que el mundo es un mal lugar para llegar

Y se regresa a escribir un poema que trate de una muchacha en un aeropuerto
que espera un avión de quién sabe dónde
o escribir sobre la carta que nunca recibí aquel sábado
escuchando el viejo casette con mis nostalgias favoritas
o sobre los versos robados a Salinas, Borges, Walcott
y las tardes de sol en el estadio de fútbol

No creo en los regresos
pero este seco corazón de otros días canta a destiempo
sobre el cielo que quema el nombre que una mujer que amé

No creo en retornos
pero mi vocación de viajero hace, que siempre que parto hacia la intemperie en el mundo
deje, como en mis días de boy scout, piedritas y migas de pan
para no perder el camino de regreso a tu cuerpo.

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2 Comentarios:

Alejandro Cortés comentó sobre esta entrada, así...

Hospedaje de Paso de Federico Díaz Granados. Es de los escritos más concisos y virtuosos que he leído. Hace parte las líneas de la envidia, esas que hubiera querido que se me ocurrieran a mí.

Un abrazo Federico.

Alexander Muñoz comentó sobre esta entrada, así...

Federico Díaz Granados un virtuoso de las figuras tragicas de la realidad, la cual logra convertir en historia y poesía, me movió a recordar el poema Retornos´y a inventariar las migas y piedras que yo tambien he dejado en mi camino.