Samuel Vásquez


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Lucía Estrada

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Carlos Vásquez
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Bio/biblio

Samuel Vásquez nació en Medellín en 1949. Poeta, dramaturgo, músico, pintor, crítico de arte y profesor de diseño, pintura, estética e historia comparada del arte contemporáneo en varias universidades. Fue curador de las bienales de arte de Medellín. Es fundador y director del Taller de Artes de Medellín, que congrega teatro, música y artes plásticas. Como director del grupo de Teatro del taller, ha puesto en escena quince obras, entre ellas, de Kafka, Beckett, Genet, Arrabal y de su propia autoría, como Técnica Mixta y El Bar de la Calle Luna. En 1992 le fue otorgado el Premio Nacional de Dramaturgia. Es autor de los libros: El sol negro (Teatro); Raquel, historia de un grito silencioso (Teatro); El abrazo de la mirada (Ensayo); Las palabras son puentes que nos separan (Poesía).


Poética

Si la lengua está hecha para afirmar, lo que afirma es un poder.
Y si la lengua convoca a la repetición rebañada del lenguaje,
la poesía incita al amotinamiento de la palabra, instiga al lenguaje a dudar del poder autoritario de la lengua. La poesía restituye el filo a la palabra, suprime el mellamiento que la cotidiana conversación le infiere.
Mientras la lengua trata de ejercer su tiranía, la poesía es el viento sin país que mece todas las banderas, es la atopía, el sin-lugar donde realizamos lo deseado, lo prohibido, lo imaginado. Así la escritura ya no es sólo partitura posterior de la voz que ya calló. Ahora podrá generar voces y, mejor aún, silencio. Y el silencio todo oye. La poesía devuelve la palabra a un silencio que no calla. Se dan allí, entonces, las voces del silencio.


Poemas


LLEGA A LA TIERRA PROMETIDA y no levanta allí su casa;
reconoce que dios la ha engañado de nuevo. Llega a la
belleza y quiebra su espejo; sabe que ese no es su
destino. Llega a la verdad y no se amaña allí; echa sobre
sus hombros la pesada carga e inventa un sendero hacia
lo inefable con su lámpara de oscuridad. Llega al
domingo y no descansa entonces; ama su pie errante.
Adelantada a sus propios pasos, invisible y umbría, no
posee luz propia pero sabe encender el fuego. Sin fe en
el camino, cuanto más se aleja más cerca está del
comienzo, hasta alcanzarse a sí misma por la espalda,
pero no se reconoce. No mira hacia el horizonte que la
llama. No vuelve la cabeza para reconocer el sendero de
sal. Su rostro desaparece entre la bruma. Su equívoco
pie importa nada. Camina con zapatos de felpa entre el
simún, para que su rastro no pueda ser seguido. Sólo el
orden del polvo que ha levantado en su errancia
estremecida es lo que queda. Para evitar explicaciones se
defiende con olvido. La poesía.

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PEQUEÑA ALEJANDRÍA

“La muerte está hoy ante mis ojos
como el deseo de un hombre cautivo por ver su casa”
Antiguo Egipto

Pongo tempestad en mi corazón y fuego en las palabras.
Regreso delirante a la infancia y queda a salvo el papel
blanco. Cae indiferente la hoja del árbol, cae una
estrella húmeda sobre la hierba, cae un ángel loco en la
canoa del sueño y el cantor no se entera en su noche de
ébano y droga: Habla más fuerte el mundo su silencio.
La muerte está hoy ante mí, la miro a los ojos, mi
mirada incendia la escritura y doce soles se consumen
sembrando frío adentro: Queda a salvo el papel blanco.
Sólo sobreviven la fortaleza de mi infancia, el orgullo
risueño de mi madre y el miedo de tu amor. Ahora
habla más fuerte el mundo su silencio:
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ALBA TARDÍA

Alba tardía de gallos asesinados. Las puertas que no
entraron en sus casas han huido. Un disparo de silencio
triza la pizarra que nada aprende. No a la vista de todos:
en el envés de la piedra una rúnica bella y muda es el
oráculo. Al hacerme víctima y testigo invalidan mi
palabra.

En el sueño del mundo
clava la noche sus cuchillos
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LOS LUGARES NO REGRESAN. Aunque volvamos al día
siguiente este sitio ya no es el mismo. Los lugares son
huellas. Son ellos los que nos visitan y dejan sus pies
indelebles es nosotros, trazando un sendero en la
memoria. Los lugares nunca más regresan. Somos
nosotros quienes cargamos su polvo de oro en nuestros
hombros.

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