Pedro Arturo Estrada


Tatiana Mejía

Menciona a:
León Gil
Jairo Guzmán
Edgar Trejos
Lucía Donadío
Claudia Trujillo
Luz Estella Martínez
Diana Berrío
Yolima Zuleta


Bio/biblio

Pedro Arturo Estrada Z. Girardota (Antioquia) 1956. Poeta, narrador y ensayista. Ha publicado Poemas en blanco y negro (Editorial Universidad de Antioquia, 1994); Fatum (Colección Autores Antioqueños, 2000); Oscura edad y otros poemas (Universidad Nacional de Colombia, 2006). Próximos a editarse: Poemas de Otra/ parte y Des/historias. Sus textos han sido incluidos en diferentes antologías nacionales y locales. Ganó el premio nacional “Ciro Mendía” en el año 2004, y “Sueños de Luciano Pulgar” en 2006. Invitado en 1994 y 2005 al Festival Internacional de Poesía de Medellín así como a diversos eventos y encuentros de poesía en el país. Se ha desempeñado como coordinador de talleres literarios con jóvenes y niños de Medellín en los últimos años. Fue miembro de la Casa de poesía Porfirio Barba Jacob de Envigado hasta 2005. De su poesía escribió J. M. Arango: “Es la suya una voz sin estridencia, sin poses, pero no desprovista de madurez y conocimiento. Sus textos reflejan cierta visión desesperanzada del mundo aunque no cae en la queja gratuita. Antes bien, se asientan sin ilusionismos en la sobriedad de una palabra que da cuenta de su circunstancia sin exageraciones ni atenuantes. Hay, en este poeta, un respeto natural por el lenguaje con el que sin embargo, explora decididamente, desde una perspectiva muy personal, temas siempre esenciales: el tiempo, la muerte, el vacío existencial, el amor y aun el miedo; la crisis en la que hoy por hoy nos movemos…”
Poética
No creo en la poesía porque la poesía no es una fe, es una experiencia vital. Por tanto, la vivo más allá de toda clasificación o formalismo, más acá de todo género. Lo demás es literatura, diríamos ahora, es oficio, es astucia y artesanía. La poesía no se queda ahí porque es destino, es visión de totalidad, integración de lo múltiple en la unidad del ser. Como la magia que, según Paz, “es la secreta corriente de simpatía que une la parte con el todo”. Pero claro que creo en la palabra, en el lenguaje como último y único medio del hombre para expresar su nada y su límite, su inocencia y su complejidad, su misterio y su miseria, su miedo y su serenidad, su melancolía y su alegría de vivir.
En mi caso particular me acerco a ella por fuerza de mi propia incertitud y por gracia de un deseo oscuro que, en cierta tarde de la infancia, afloró en mí hacia las palabras y sus ecos angélicos. Por el principio de extrañeza que se instaló desde entonces en la raíz de ese murmullo interior llamado pensamiento. Percibirla en todas sus formas posibles, reconocerla aun en medio del vacío, el tedio y la absurdidad del mundo como signo, símbolo o trazo incomprensible, como ironía o grito, como risa o gemido, como imprecación o ensalmo es parte de mi quehacer como escribiviente supérstite en tiempos cada vez más oscuros.


Poemas

CASI UNA EPIFANÍA

Un momento más acá del miedo:
la frescura, el brillo de la vida alrededor.
Invitación o tentación repentina abierta en lo hondo.
Urgencia definitiva e instantánea
de entender como un triunfo la inmediatez del cuerpo,
los sentidos, cuando lo irremediable continúa
y cualquiera de los rostros avanzando al vacío,
— es el nuestro.

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EN VOZ BAJA

Silencio que ahora oscurece los cuerpos,
— dolor que también nutre la vida.
Incertidumbre de saber qué crece adentro,
si el túmulo negro o el futuro resplandor.
Miro grave o simplemente cansado
la calle hecha vivo, lastimoso collage siglo xx,
el tránsito de cosas que dejo y me dejan.
Sé que no alcanzaré ya las metas.
Pero el pulso del universo
en las manos permanece.
Me abandono a lo imprevisible. Es más mío al fin.
Aunque el espanto sólo se disfrace a ratos,
de indiferencia.

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LUNES A MEDIA SANGRE

Homenaje a Fernando Pessoa

Sales al parque en la mañana
— haces cuenta de que hay un parque y una mañana —
y que algo debe hacerse todavía en ese cuerpo de 48
sostenido por la inercia,
( muchachas floreciendo en aceras rápidas, el día creciendo, envejeciendo, el aliento subiendo y temblando, el deseo prendido como antorcha en pleno día )
— qué más sino la boca cálida y húmeda,
la dulzura de la luz que se queda en los poros
— qué sino el avance sonámbulo de las horas
como una humilde película del montón y tú en ella actorcillo más entre multitud de extras, en un guión desconocido
pero contento de estar en el reparto
gracias después de todo al azar o a quien pluguiere.
Días mortales pero bellos
que a nadie excepto a ti mismo importan y duelen.
Días últimos
y sin embargo más tuyos a medida que te pierden,
preciosos y urgentes pero sin propósito definido.
Cada hora un paso, un salto sobre el abismo y la verdad
ácida de no ser nadie o ser una sucesión de gestos
intercambiables y suficientes para estar
en cualquier parte sin mayores pretensiones.
Días de nada pero días tan bellos como los de ningún otro
porque te van tirando, te van dejando sin peso
como de aire del trasmundo; porque se van entre un sorbo
de café y una siesta, porque se desalientan,
se diluyen entre el vaho de la lluvia
a las cuatro de las tardes de espejos sombríos,
de interiores fungosos, de comedores oscuros,
tardes sin adonde ir excepto el mismo rincón donde repites
los mismos bostezos de hace veinte, treinta años,
treinta milenios...
(2004)

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1 Comentario:

María Jesús Almendro comentó sobre esta entrada, así...

Hola Pedro Arturo:
He buscado el vínculo para seguirte pero no lo tienes en tu bitácoras, así que te dejo este comentario para saludarte. Maravilloso blog, te felicito.

Un beso!