Fernando Herrera



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Bio/biblio

Medellín, 1958. Ha publicado los siguientes libros de poesía: En la Posada del Mundo, Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia 1985, La Casa Sosegada, Universidad Nacional de Colombia 1999 y Sanguinas, Ganador del VIII Concurso Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus 2002. Ganó una Beca de Creación de Colcultura en poesía en 1993. Fue ganador así mismo de una de las Residencias Artísticas Colombia-México otorgada por el Ministerio de cultura y el FONCA en el año 2004. Premio Nacional de Literatura 2007 - Poesía, otorgado por el Ministerio de Cultura de Colombia con Breviario de Santana, libro de próxima aparición en la Colección de Poesía de la Universidad Nacional de Colombia.
Ha sido publicista, editor de obra gráfica y de libros de artista y gestor cultural. Reseñista y comentarista de libros en revistas y periódicos especializados. Poemas suyos han aparecido en distintas revistas y antologías nacionales e internacionales.


Poética

"Este poeta, tan alerta a todo cuanto encuentra en su vida cotidiana y que en amorosa contemplación comparte a veces las vidas de los hombres de la calle, sus afanes, sus oficios, sus penumbras, se encierra también de pronto dentro de sí mismo con refrenada nostalgia de sus días pasados. La dicción explícita alterna entonces, más reservada, con un velado lirismo. Ello quiere decir que debemos acercarnos a esta poesía con el más cuidadoso fervor, atentos a cada diversa circunstancia." (Fernando Charry Lara)


Poemas


RUSSIAN RIVER

Sobre la verde lentitud del agua,
madurada por el drástico verano,
una hoja amarilla de sauce me revela
que ese sofocado paisaje
que huye y que se queda, es un río.
También sé, por la trucha que salta
a cazar un insecto, que el agua está viva
y que es misteriosa y clara,
y que lejos, muy lejos,
para que esto suceda,
se abrazan los astros.
Desnudo, tendido sobre la arena,
humildemente,
como otro animal cualquiera,
también yo festejo el verano.

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LA MADERA

A veces pienso en la madera
En el instante en que esa vida se detuvo
Y ya no fue más árbol
Para ser mesa en mi casa

Extraña misteriosa mansa olorosa madera
Adorable bosque detenido
Fósil que dejó el viento
Para esta muerta servidumbre

Madera
Árbol amado y muerto
Bajo tu yugo obedecen los bueyes
Y agoniza un dios humilde

Madera
Bella hermana huérfana
De la piedra
Para que no extrañes
La voz de las aves
Elevo como estandartes mis canciones

Madera
Perdona al leñador y al carpintero
Sé benévola con aquel que te asesina
Anímate madera
Con este epitafio
Que te escribo
Con este lápiz de madera
Sobre este papel que también es de madera

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MUCHACHA DE LA PESCADERÍA

Crujen astillándose al patinar
por el suelo desigual de la pescadería
los angulosos témpanos de hielo;
y la alegre muchacha que los impulsa,
cubierta con su peto de hule,
me mira sonriente abanicando
sus manos enrojecidas por el frío.

Se agita en medio de la barahúnda,
y luego, doblada sobre el balde de aguas turbias,
refriega con el cepillo de púas,
mojarras y lenguados;
y las escamas que saltan
coronan por un instante,
con un equívoco esplendor de abalorios,
su cofia enmugrecida.

Apresurada se interna en la bodega
de sábalos rígidos.
Vuelve,
cierra con energía
los macizos picaportes
trayendo algo de humo
bajo su delantal de frío.

Mientras atiende a los clientes,
sopla apartando los cadejos de pelo
que se deslizan en su cara,
la festiva muchacha de la pescadería.

Bella adolescente aterida,
¿Qué rostro acariciará en la noche
con sus manos olorosas a mares y a limón?
Y desnuda, en la penumbra,
¿Para quién sonreirán sus dientes,
como un cardumen luminoso,
en lo hondo de un cantil?

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TU CUERPO

Ya ves
Es tan simple tu cuerpo
Es pálida y común
La piel que cubre tus huesos
Las diagonales clavículas
Las sabidas costillas paralelas
El vientre liso
Y la tensa herida original
El ombligo
Más abajo el áspero vello
Con su olor de mares repetidos
Las inhóspitas rodillas
Y los míseros tobillos
Que anticipan tus pies desconsolados

Ya ves
Es tan simple tu cuerpo
Pero a mis labios abrasados
Tu cuerpo es un templo encendido

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