Felipe García Quintero



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Giovani Gómez
Lucía Estrada


Bio/biblio

FELIPE GARCÍA QUINTERO. Nace en Bolívar, departamento del Cauca, Colombia el 25 de septiembre de 1973.

Obtuvo el título de Magíster en Filología Hispánica del Instituto de la Lengua del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (2005) y el de Estudios de la Cultura de la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Quito, Ecuador (2003). Es Licenciado en Literatura y Lengua Española de la Universidad del Cauca (1996).

Desde 1995 dirige y edita en Popayán la revista de poesía Ophelia. Y forma parte del consejo editorial de la revista “Puesto de combate” de Bogotá. Es director fundador de Ediciones Axis Mundi. En la actualidad se desempeña como profesor del programa de Comunicación Social de la Universidad del Cauca, en Popayán, Colombia.

Ha publicado los libros de poesía: vida de nadie, Madrid: Colección de poesía “Encina de la Cañada”. Altorrey editorial, 1999; piedra vacía. Quito: Ediciones de la Línea Imaginaria, 2001 y La herida del comienzo. Granada: Ediciones Alhucema, 2005. Casa de huesos (selección de poemas). Mérida (Venezuela): Cuadernos artesanales de poesía, IMC, 2002 y Horizonte de perros, Cali: Colección de poesía La escala de Jacob. Universidad del Valle, 2005, son dos selecciones personales de poemas.

De la incursión en el ensayo es el libro Finca Raíz y Propiedad Horizontal. Lectura del legado poético de Rafael Maya. Popayán: Fondo Mixto de Cultura del Cauca, 1998.


Poética

He hablado y lo dicho se torna camino. Así, las palabras son pasos y la voz territorio, tanto como la música un rostro, que ahora mismo asoma, en la alta noche de un viaje largo, inconcluso siempre, desde el silencio lejano y extraño de leernos en lo escrito.

Declaro que tres son los momentos de mi grafía. En principio, con el pulso tembloroso quise hacer del sentimiento humano la expresión poética mayor. Por ello, el dolor de vivir figura en cada recodo del libro “Vida de nadie” (1999). Su destello alumbra la opacidad cotidiana, enciende la oscuridad diaria, incluso, la quema. El problema de la identidad fue el eje en torno al cual los temas de la orfandad, lo femenino y la infancia, despliegan sus ropajes raídos.

En “Piedra vacía” (2001), por el contrario, la intención fue dejar atrás la condición personal y hacer del poema una reflexión acerca de la escritura. Codicié encarnar el legado de Wallace Stevens, cuando habló del poema como el motivo de la poesía. Este conflicto estético, su tensión íntima que desgarra la conciencia, fue puesto en el afuera del mundo, en el ahora de un país mudo que grita sin escucharse. A esa tentativa la titulé “La herida del comienzo” (2005).

Felipe García Quintero


Poemas
De: vida de nadie. Madrid:
Altorrey Editorial, 1999.

POCO A POCO EL SILENCIO ha ido llenando mi alma de ruidos, con pisadas temerosas como de fiera perseguida por el temblor del corazón que afila su cuchillo.

Es la ciega voz que mantiene abiertos mis ojos.

Y —entre mí— pienso en el otro cielo que afuera de la casa me espera: mi cielo, el que inventa la lluvia en un rincón de la calle.

Un cielo de aguas podridas. De ahogada luna turbia, salvada del lodo por la mano del sueño.

Cielo mío de aguas podridas, sólo en tu carne brillan mis dientes caídos.

Cielo repentino de orín de invierno, ven a llenar con tu cuerpo mis manos vacías de ciego sin tacto. Cielo mío de pájaro sin cielo. Cielo de agua de vientre.

Cielo mío, hondo como la piedra

(1996)

::

De: piedra vacía, Quito: CCE,
Ediciones de la Línea Imaginaria, 2001.


IV.


TRAES UN POCO DE PAN Y ALGO DE VINO para alimentar la vigilia en la noche de tu alma.

Al fondo de tus ojos miras las manos que ofrendaron sus huesos para construir la casa y llenarla de palabras.

Mientras, la escritura en la oscuridad crece con el parpadeo de las llamas, tu corazón calla; su temblor cesa de latir.

De pronto ya nadie existe.

Estamos solos y sólo en ella piensas. Te entregas al vino de la risa y al pan del silencio, y a tus recuerdos: estos pensamientos que inflaman tu lengua y arden como las palabras que te consumen.

Y quieres morir, y para eso escribes:

(1997)

::
De: la herida del comienzo. Granada:
Ediciones Alhucema, 2005


Piedra


1.
Sé un pensamiento mío.

La fijeza de mi mudez latente
no la sombra de mi cuerpo, su herida.

Yo tu posesión, mi huésped
en la voz, la habitación vacía de cada hueso.


2.
Colmada miseria
y perpetua errancia de la quietud.

Piedra

¿Dicha vencida o mudez cantada?

En el puño cierto del llanto
cuánto hay de ti, siempre conmigo.


3.
Sordo cielo mío de cada grito
pueblas la oscuridad de mi infancia.

En la voz el silencio te toca
la nada te alegra
la soledad te encierra.

Vigilia oculta y serena de cada muerte.


4.
Piedra

Sé la fuga de mi caída.

(2003)

::



De: Honduras de paso.
Inédito


Cielo vertical



El viento sucede.
La llama en su silencio estalla.
De azul a rojo el mar ocurre.
La tierra espera, siempre erguida.

La realidad, y sus murallas,
deshecha en el suelo.

Suceder de los elementos
en la fuga de la voz.

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