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Meira Delmar (Q.E.P.D.)



Se nos fue Meira Delmar, una noche de marzo de 2009.
Ya me había comunicado con ella vía telefónica, y con su voz serena y gracil se había mostrado muy atenta e interesada en el proyecto de Las Elecciones Afectivas, luego de que la también poeta barranquillera Mauren Mendinueta la nombrara; ella, que iba de Madrid, a Bucaramanga, a Cartagena o a Bogotá, aún con su avanzada edad, obsequiándonos, dándonos una lección con cada uno de sus versos, continúa haciéndolo.
Tal vez su poema Muerte Mía sea uno de los más recitados en Colombia, con el que nos enseña que la muerte es algo muy diferente a lo que creemos, que "otra cosa es la muerte".

Jacko, 18 de marzo de 2009


Mencionada por:


Lauren Mendinueta


Bio/biblio

Olga Chams Eljach, nacida en Barranquilla en 1921, era hija de padres oriundos de Líbano, Medio Oriente. Ha figurado bajo el seudónimo de Meira Delmar desde que algunas revistas cubanas publicaran sus primeros poemas. Hizo estudios en su ciudad natal en el Conservatorio Pedro Biava, en el cual fue luego profesora de Historia del Arte y Literatura, materias que cursó en Roma, Italia. La universidad atlanticense le confirió el doctorado «Honoris Causa» en letras, era miembro correspondiente de la «Academia Colombiana de la Lengua» y dirigió por muchos años la Biblioteca Pública del Atlántico.
Su poesía caracterizada por una dulce sensualidad, está contenida en los siguientes libros: «Alba del olvido», «Sitio del amor», «Verdad del sueño», «Secreta isla», «Reencuentro», «Laud memorioso», «Huésped sin sombra» y «Alguien pasa», entre otros.

Enlace recomendado por la página amiga de poesía NTC (¡Gracias Gabriel Ruiz!)

"Alguien pasa", Meira del Mar, Homenaje



Poemas

Muerte Mía
(Del libro Secreta isla)

La muerte no es quedarme
con las manos ancladas
como barcos inútiles
a mis propias orillas,
ni tener en los ojos,
tras la sombra del párpado
el último paisaje
hundiéndose en sí mismo.

La muerte no es sentirme
fija en la tierra oscura
mientras mueve la noche
su gajo de luceros,
y mueve el mar profundo
las naves y los peces,
y el viento mueve estíos,
otoños, primaveras.

¡Otra cosa es la muerte!

Decir tu nombre una
y otra vez en la niebla
sin que tornes el rostro
a mi rostro, es la muerte.
Y estar de ti lejana
cuando dices "La tarde
vuela sobre las rosas
como un ala de oro".


La muerte es ir borrando
caminos de regreso
y llegar con mis lágrimas
a un país sin nosotros
y es saber qué pregunta
mi corazón en vano
por tu melancolía

Otra cosa es la muerte.

::


Huesped sin sombra
(Del libro Reencuentro)

Nada deja mi paso por la tierra.
En el momento del callado viaje
he de llevar lo que al nacer me traje:
el rostro en paz y el corazón en guerra.

Ninguna voz repetirá la mía
de nostálgico ardor y fiel asombro.
La voz estremecida con que nombro
el mar, la rosa, la melancolía.

No volverán mis ojos renacidos
de la noche a la vida siempre ilesa,
a beber como un vino la belleza
de los mágicos cielos encendidos.

Esta sangre sedienta de hermosura
por otras venas no será cobrada.
No habrá manos que tomen, de pasada,
la viva antorcha que en mis manos dura.

Ni frente que mi sueño mutilado
recoja y cumpla victoriosamente.
Conjuga mi existir tiempo presente
sin futuro después de su pasado.

Término de mí misma, me rodeo
con el anillo cegador del canto.
Vana marea de pasión y llanto
en mí naufraga cuanto miro y creo.

A nadie doy mi soledad. Conmigo
vuelve a la orilla del pavor, ignota.
Mido en silencio la final derrota.
Tiemblo del día. Pero no lo digo.

::

Verde mar
(Del libro Verdad del sueño)

1

De tanto quererte, mar,
el corazón se me ha vuelto
marinero.
Y se me pone a cantar
en los mástiles de oro
de la luna, sobre el viento.
Aquí la voz, la canción.
El corazón a lo lejos,
donde tus pasos resuenan
por las orillas del puerto.
De tanto quererte mar,
ausente me estas doliendo
casi hasta hacerme llorar .

2

¡Mar!
Y es como si, de pronto,
se hiciera claridad.
Ángeles desnudos. Ángeles
de brisa con luz. Cantar
del agua que danza una
zarabanda de cristal.

Islas, olas, caracolas.
Grito blanco de la sal...

Y el corazón, de latido
en latido, dice ¡Mar!

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